Intento pensar con claridad y limitar mis pensamientos a lo lento que pueden escribir mis dedos en llamas; esto me recuerda a breves historias de secundaria que solía redactar en mi diario después de una tarde pesada y difícil de digerir, puesto que siempre llegaba cansada y abrumada por alguna razón que aún proceso en mi mente. Eran dos opciones: sonreír mucho y ser un cascabel o evitar cualquier contacto físico para no tener que explotar de alguna forma, contra alguien que no tenía la culpa.
Desde hace 4 años he sido un pasajero en el cuerpo de una chica que cubre su piel con aceite de bebé para evitar el tiempo en forma de arrugas y heridas que aún prevalecen después de untar tanta vaselina y aceite de coco con aloe vera que no puedo medir. Sí, la vaselina y el aceite de coco con aloe vera ayuda a que las heridas y estrías no se vean lo suficientemente horrendas para que a alguien le de asco tocarlas. Volviendo al pasado, sí al pasajero dentro de la chica, o sea a mi, es alguien a quien no le importa nada, pero ella aún no lo sabe porque tiene que pasar 4 años para que lo noté y deje de repetir la actitud autodestructiva que en algún momento solo se transformó en algo parecido al cuidado personal. Pienso que con mucho esfuerzo intento no ser tan sarcástica, pero no puedo. El cuidado personal del que hablo, implica una relación de más de un año que era irritablemente perfecta y sorprendentemente una falsa esperanza para redimir lo que en algún momento la chica había destruido. A si misma. Entonces entro yo, el pasajero, un parásito, soy yo quien arruinó su esencia por completo. Mmm no, no fue un hombre, ni la universidad, ni sus ganas por ser alguien en la vida y por nada en el mundo, sus ganas por enorgullecer a su padre.
Ahora soy lo que llamamos cuidado personal, que se volvió trágicamente algo controlador, un falso amor verdadero y una vida jodida porque no hay nada más jodido que vivir fingiendo.
Para mostrar lo real que puede ser está chica, necesito salir antes, es decir, abrir los pensamientos más oscuros, obscenos y putrefactos, que por razones obvias, decidió ocultar. Normalmente un parásito daña al huésped para apropiarse completamente de sus acciones pero yo no quise eso, quise hacer algo peor; hice creer a la chica que tenía el control, que ella quería actuar tal y como yo le decía que actuara. Era macabro, considerando que ambas somos iguales: autodestructivas, manipuladoras, inoportunas, coquetas, inteligentes, controladoras, impulsivas, blah, blah. La diferencia es que solo una es fuerte y no le importa nada ni nadie. Solo una destruye todo lo que toca, no le da miedo la soledad y por ésta razón nadie la tiene que estar cuidando.
Es claro que esa no soy yo ¿o si?.
El problema es que ambas somos una, no somos nada sin la otra, esto nos hace actuar de forma totalmente irracional, un día nos importa y cuando menos lo esperamos tiramos todo por la borda. Nuestra fortaleza y defecto es conocernos tanto que sabemos cómo lastimarnos.
Y la historia trágica de ese 2018 comienza así…
Un capítulo disfrazado de cuidado personal. Odiaba lo que era y cambió por completo lo que no se podía amar, desmanteló y sustiyó cada pieza original:
Número uno: se metió en tu mente y te hizo creer que eras buena.
Número dos: Lo bueno es fácil y la facilidad te encantó, le creíste tanto que no queríamos decepcionarlo.
Éste capítulo te recordó que tu miedo era decepcionar a las personas que te “aman”. La chica por fin lo quiere analizar, decidió abrir su mente y piensa con más claridad. Todo lo que vivió como fantasma en los últimos años fue la construcción de una niña modelo, una adolesente rebelde que se convirtió en una adulta funcional, una chica de tareas y a la que le preocupa sacar un 8. Pero oye, no le perteneces a nadie más que a mi. No tienes que llenar expectativas de nadie.
Soy ella, la chica que es así porque todos le dieron la espalda cuando más lo necesitaba y esos recuerdos no se cambian, no se transforman no se lloran. Porque es lo que tenemos, es lo que nos tocó.
La vida de las personas no te importan, solo importa la tuya porque a nadie le importó lo que te pasaba y sigue sin importarles un carajo. Nadie, que parezca, ha vuelto a ver lo que necesitas o lo que quieres. Nadie puede llevarnos el paso ¿entonces porque has decidido deterte y caminar a su lado?
Pero ahora los recuerdos me invaden en insight y no logro conectar ninguno. Me creí la idea de que merecía lo que todo el mundo quiere, una vida en calma, felicidad estereotipada y un amor real. Lo cual resulta bastante irónico porque no quiero eso y es lo único que he conseguido desde que tengo 18 años. En mi respuesta por conocer esa felicidad que no encontré; me abrí al mundo y sin darme cuenta me convertí en el mundo, ahí para todos y para cada uno de los sentimientos que muestran un todo. EL AMOR. La realidad es que nos engañamos, fingimos que hay un horizonte de recuerdos podridos pero nunca somos la misma persona dos veces.
Ahora veo todo con más claridad, ambas voces en mi cabeza cesaron, escucho calma dentro de mí y sé que la vida me atrajo y me alejo de maneras que aún no puedo entender. Fui la niña amada y mimada, bailaba con mis dos coletitas y mis moños de color amariño; luego fui azul como mi casa depués de que mi madre se marchó, evitaba hablar y me encerraba en mi cuarto por las tardes fingiendo que dormía esperando que alguien entrara; hoy entiendo que una paleta de colores me envuelte al día; estoy asqueada, a veces enojada sobretodo frustrada. Fui la niña olvidada y encontrada en soledad. Soy cualquier cosa que no se haya mencionado en la lista, vivo en busca de alguien que no existe y al mismo tiempo cubro con tierra lo que quiero ser y jamás será. Me apasiona y divierte lo fácil que es engañar al corazón pero no al subconsciente. Claro, intenta dormir tus 8 horas al día, llena tu cara de cremas y aceites antiarrugas que oculten lo horrible que el tiempo te puede hacer o los problemas que intentas suprimir. Pinta tus mejillas y muestra el rubor falso que NO te provoca cada situación incómoda que vives al día porque no puede salir el color verdadero de la miseria que NO puedes sufrir; finge que eres como todos los demás quieren que seas porque le temes al rechazo, le temes a que te dejen sola nuevamente en las escaleras a los 6 años, sin luz, con el corazón roto, con las piernas temblando, con miedo pero con más tristeza al saber que no tienes a nadie. Solo a ti.
Es por eso que prefieres pensar que la fortaleza y la libertad es el verdadero instinto de un sobreviviente.
Danna Tomás
-Con más ganas de escribir que dormir. ♫ YKWIM? – Yot Club