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Un capítulo imborrable para las páginas de la historia del país que no debemos ignorar.
Exitosa
Terror bañado en sangre inocente, injusticia y el silencio fue lo que para muchos sufrió la región más golpeada por el terrorismo peruano: Ayacucho, como siempre, en un lejano y olvidado pueblo llamado Soras.
Permanecer dentro del territorio ayacuchano en ese entonces significaba alta peligrosidad para todos los campesinos y visitantes, se vivía momentos intensos entre Sendero Luminoso; Policía Nacional y el Ejército. Con ello las comunidades se empezaron a organizarse las conocidas Rondas Campesinas, esto porque la comunidad realmente estaba asustada de Sendero y se sentían prácticamente ignorados por parte del Estado que mantenía un centralismo limeño aún vigente.
En Lucanas, provincia de Ayacuchana existe un pequeño y humilde distrito de nombre Soras (Sucre) donde fue el lamentable escenario de una sanguinaria acción terrorista marcada en la historia social en la década del 80.
En esa localidad con respecto al tema del transporte interprovincial no se encontraba todavía masificada, solo contaban los pobladores cercanos con el Expreso “Cabanino” que realizaba viajes limitados de Lima hasta la zona sur de Ayacucho, se podía acceder al servicio una vez por semana.
Lo cierto fue aquel 16 de julio de 1984 en plena ruta, el bus tuvo que parar debido a un grupo de extraños impedía enérgicamente el avance de la flota. El chofer abrió la puerta y de inmediato ingresaron nada menos que senderistas armados, preguntaron a los pasajeros quiénes eran naturales de Soras, muchos confirmaron el lugar solicitado por los subversivos; entonces les obligaron a salir a fuera, ahí mismo le llevaron detrás de unos matorrales, y con grandes piedras asesinaron a las víctimas sin piedad.
Tras el hecho, los senderistas dejaron los cuerpos arrojados en la pista como si fuera cualquier desecho. Se subieron nuevamente al bus con dirección a Palja, una provincia de Víctor Fajardo y ese pueblo también realizaron fuertes matanzas a cientos de campesinos, lo mismo sucedió aquel día en el poblado de Doce Corrales y Chaupihuasi.
Muchos soreños aseguran que la causa real de este atentado se debe al camarada José, el cual articulaba e influenciaba las operaciones en Soras, no obstante, es importante indicar lo siguiente: en el caso de Soras tuvo una actitud comunal reveladora en el sentido que fue el único pueblo ayacuchano capaz de rechazar tajantemente el pensamiento Gonzalo como sus drásticas políticas, el cual ya es una señal valerosa.
Para el Señor sobreviviente Celestino Masco Santária, dice que el tremendo odio senderista hacia los soreños fue determinante en los asesinatos. Soras por la seguridad e integridad de su comunidad creó de forma sólida las Rondas Campesinas, encontraron allí un mecanismo valioso de defensa antisubversiva, entre ellos mismo organizaban consejos comunitarios; sus armas básicas eran generalmente herramientas domésticas, así pues la vigilancia se volvió una tarea necesaria sobre todo en altas horas de la noche.
Los miembros de Soras se habían informado adecuadamente sobre el Partido Comunista Peruano, coordinando en el caso de una alerta terrorista, se deben comunicar inmediatamente al Presidente de la Ronda Central de Soras, Celestino Masco Santária que se encargará de efectuar las acciones necesarias.
Alrededor de la cinco la mañana, la señora Ilia Marilú Gutiérrez Chalco, se percató de la presencia de terroristas. La estrategia de Sendero en ese caso fue filtrarse con el uniforme de la Policía que horas antes habían robado su armamento y asesinado en la Comisaría de Palja.
Los terroristas filtrados llegaron de noche con linterna en la mano a dialogar con las autoridades soreñas, preguntaban quiénes eran sus autoridades públicas para hacer las coordinaciones correspondientes. Es decir, llegaron al pueblo encubiertos vendiendo a todos un discurso de ayuda a la seguridad comunitaria; pero la intuición y demás sentidos del ser humano se activaron para arrojar sensaciones de muchas dudas.
La gente en cuestión que pasaba el tiempo, empezaba a darse cuenta que varios supuestos “policías” no pronunciaban correctamente el español; también casi todos vestían el mismo uniforme de la policía y en algunos de ellos no se presentaron exactamente con la misma ropa. Entonces, bajo esas dos primicias razonables se podría emitir ciertas dudas, como si hubiera algo de gato encerrado en el fondo de esta situación.
Paralelamente, con el respaldo de la supuesta policía la mayoría de Soreños empezó a confirmar abiertamente su identificación, para los senderistas ya era un paso muy importante porque rápidamente consiguieron obtener información privada con respecto a los datos básicos de las personas involucradas y su confianza.
Los supuestos policías se contactaron gracias a los pobladores con el alcalde de Soras, pudieron reunirse un conjunto considerable de autoridades oficialmente en el Consejo de Soras. Bueno fue solo el ingreso, nunca más salieron con vida, esto porque una vez congregados todos, fue la oportunidad perfecta de los terroristas para hacer uso de sus armas y matar a todos los presentes.
Sendero no satisfecho, asesinó a todos los adultos posibles de Soras. El testimonio de Godofrido Santária Ortiz sirve bastante en la explicación de una serie de hechos atroces. Según, lo relatado por él, los senderistas dividían en grupos de varones y mujeres, les arrojaba al suelo boca abajo, recibían una tanda de insultos verbales de todo calibre como: “van a morir como perros”, entre otras peores palabras.
Un senderista quería hacerle daño físico a su familia de Godofrido, pero su papá negoció con la promesa de entregarle todo el dinero que disponía, aun así no fue suficiente para ellos, siguieron golpeándole con el arma, al fin al cabo decidieron matarlo con un balazo en la cabeza, lo mismo le pasó a su madre.
En ese momento muchos lloraban de dolor, de impotencia, aquel día nevó estando el suelo hielo; no por mucho tiempo ya que se bañó notoriamente en un charco indescriptible de sangre humana.
Los resultados fueron devastadores: 117 comuneros fallecieron en manos de los senderistas en una increíble masacre, 34 sitios de entierro, y en cuanto a la exhumación, es un proceso tedioso, solo se ha logrado descubrir hasta el momento, 35 exhumaciones en los distritos de Soras y Doce Corrales. Todavía se sigue buscando los cuerpos.
El Ministerio Público en abril de este año ha pedido formalmente al Poder Judicial que se les condene a 35 años de cárcel a los cabecillas de la cúpula de Sendero Luminoso, incluyendo al hace poco excarcelado, Osmán Morote Barrionuevo. Ojalá se dé, porque justicia que tarda, no suele ser justicia. El paso de los años esta vez, le dará la razón a los afectados. Ya han transcurrido 34 años de está horrorosa matanza y no existe una sentencia firme, no hay forma de por qué no indignarse.

















El Popular
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