La primera vez que oí hablar de China Miéville fue leyendo la revista Solaris, con motivo de la publicación de su novela La estación de la calle Perdido (2000), publicada por La Factoría a finales de 2001.
En aquella época, la revista Solaris habló muy bien de China Miéville, calificando a este como autor revelación que empezaba a ganar distintos premios y que, además, entusiasmaba tanto a los críticos como al público.









