Miguel Andres fue el primero en hablarle del tema, le dijo que venía de China y que el presidente dijo que pronto podría llegar a Colombia.
Dias después le expliqué lo que sabía, prometimos que sería un tiempo maravilloso y por alguna razón acordamos evitar decir las palabras cuarentena y coronavirus.
Dibujamos nuestros sueños, escribimos cómo debíamos ser cada uno para que el otro estuviera bien, buscamos tesoros, de la misma manera que buscamos rayitos de sol en nuestro balcón, hicimos recetas, cambuches y coreografías.
Una noche supo que su prima pequeña tenía coronavirus. -Mamá y si a Luna le pasa algo? - Hija sólo debemos confiar, no hay nada más que podamos hacer. Y todo estuvo bien.
Aprendió qué era un decreto y esperó con ansias ese que dijera que los niños podrían salir; y celebramos con brincos cuando lo pudimos hacer! Reconocimos sus lugares favoritos, disfrutamos los sabores como si fuera la primera vez, corrimos y corrimos.
Llegó el día mas soñado de volver al colegio; un día que salvó el año, un día que le devolvió la sonrisa y las historias contadas a detalle.
Duró poco. Y su valentía se derrumbó, como cuando uno definitivamente ve sólo oscuridad. La abracé por horas mientras lloraba en silencio. -Mamá: Nunca podremos volver? Si mi pequeña, volveremos con seguridad. - Dije con firmeza, como queriendo convencerme a mi misma.
Y volvimos.
Y ella se aferraba a la alegría de ese día que podía estar con sus amigos, en su lugar feliz; por si era el último.
El calendario marcó un año diferente; llegó la ilusión de su cumpleaños, que no pudo celebrarlo como quería, esta vez con la nobleza de quien entiende lo que no es posible, pero con la promesa de poder disfrutarlo muy pronto.
-Chiqui tengo que decirte algo: Tengo coronavirus y es muy probable que tu también lo tengas. Mamá; ya sabes; sólo debemos confiar; yo te cuidaré.
Y todo salió bien.
-Mamá no quiero pasar dos años con el coronavirus. Son dos años de mi vida mamá. De nuevo, el discurso se hizo inútil ante lo que ambas sentíamos en el corazón.
Después todo empezó a fluir al compás de la adaptación.
-Chiqui el papá salió positivo. No hubo mayores comentarios.
La médica me puso la mano en el hombro; ahi en la mitad de la sala de urgencias, completamente llena; sin otro apoyo que yo para tener un aliento en su día cansado; bueno, esa fue la historia con la que me quedé tratando de callar mis pensamientos que hablaban de distanciamiento. Me paré fuerte para darle mejor soporte y evitar pensar en lo que significaban sus palabras.
Llegó el silencio.
No había mucho de que hablar.
Tampoco volveremos al colegio.
Las mañanas empezaban temprano con un tímido: Hola. Dos chulos eran la felicidad sin importar la hora del día; verlos pintados de azul ya era esperanza.
Aprendí que tener el control, sólo sirve para disfrazar el miedo. Ahí estaba yo; sin saber nada... Nada.
Quedando frente a frente con ese vacío en el estómago que te la oportunidad de elegir ser paciente y valiente...
Se murió Julio. Ahora ya no sólo conocíamos alguien que se hubiera contagiado.
-Mamá.... Dijo mientras sus piernas temblaban y se detuvo frente a la imagen inesperada en la pantalla del celular. De nuevo el abrazo y elegir seguir en la llamada que supe que había roto su corazón. De pronto salió corriendo y volvió con un libro. -Lo que el papá necesita es que yo le lea un cuento; si el no puede hablar con tantos aparatos, tal vez pueda escuchar. Con seguridad lo hizo.
Se acercaba el día 7 de ese abril que parecía haber durado una eternidad; una semana antes, ella me dijo que yo habia desaprovechado la oportunidad de celebrar mi vida; le propuse reivindicarme y aprovechar esta nueva oportunidad de celebrar; escribimos cartas, recibimos las de otros y salimos con la determinación de hacer que un globo de cumpleaños atado a la mejor energía atravesara los estrictos protocolos.
Lo logramos.
No era un simple globo de fiesta pegado a un sobre con cartas; era un globo lleno de vida, unido a la esperanza de muchas persona que creían que era posible.
-Mamá; entonces el papá volvió a nacer porque esas cosas pasan en pascua, verdad? ...