Edición Impresa + digital
Idioma Español / Inglés
Fecha: Marzo 2026
Páginas: 160
ISSN: 1577–272–1
ISSN-e (versión digital): 2605-3497
El error como estilo
EXIT #99 plantea una revisión profunda del papel del error dentro de la historia y el presente de la fotografía. A lo largo de las páginas de este número se propone una reflexión coral sobre cómo el error se ha convertido en estilo, método y posibilidad crítica, reivindicando el accidente y la incertidumbre como motores esenciales de cualquier acto creativo. Lejos de entenderlo como una anomalía técnica o una imperfección, se aborda su dimensión estética, conceptual e histórica. El error es hoy una herramienta creativa y un método de investigación visual esencial, con un lenguaje propio dentro de la fotografía actual. Accidentes químicos, desenfoques, sobreexposiciones, solarizaciones o encuadres inestables aparecen en EXIT #99 como técnicas fundamentales en la expansión de las posibilidades del lenguaje fotográfico.
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Editorial
En el principio fue el error
Rosa Olivares
No, el principio de todo no fue la palabra. En el principio fue el gruñido. El primer humano que esbozó algo con su voz no conocía ni las cosas ni sus nombres, su lenguaje no había sido pulido por la familia, maestros, academias ni universidades. Simplemente dio un gruñido. Posiblemente los animales que le rodeaban (todos colegas del humano original) le entendieron. Y allí empezó todo. Hasta llegar a hoy en día, con cientos de idiomas, dialectos y acentos, y una diversidad de argots y formas de hablar, además de una velocidad en la evolución del lenguaje más que impresionante. Ni siquiera los niños prodigio lo hacen todo perfecto desde la primera vez. Ni siquiera nuestros propios hijos, que todos sabemos que son los mejores.
Pero ¿qué problemas hay con el error? Para empezar, el error forma parte de todo: acompaña tanto al acierto como el blanco al negro, la verdad a la mentira —otro tema muy fotográfico, por cierto—, o el amor al odio. Además, los “errores” de los que se habla en la historia de la fotografía no son realmente errores sino accidentes, al ser la gran mayoría involuntarios. El verdadero error aparece cuando, revisando el álbum familiar, vemos que en todas las fotos de la infancia que tomó nuestro padre aparecemos con las cabezas cortadas. Hijos, esposa, en la playa, en las fiestas… es un indicio de algo grave psicológicamente que, tal vez pueda explicar muchas cosas. Pero en esos inicios de la fotografía en los que todo era adverso a la fotografía, lo normal era el accidente, el error. Ya por impericia en la nueva tecnología, por fallos en el laboratorio, por obstáculos en la toma de la foto… Lo más normal era que la fotografía no saliera todo lo perfecta que el fotógrafo esperaba y que la propia realidad prometía. Para hacer el milagro que era captar una imagen real con aquellos instrumentos sin saber prácticamente nada de lo que se estaba haciendo, hacía falta ayuda divina. Tal vez haya que recordar, sin mirar a nadie, que en muchísimas ocasiones la vida surge de un error, sin proponérselo nadie. También del fallo, del accidente… Del error se ha aprendido en ciencia, en medicina, en botánica, en literatura y en arte. Como dice Louis Aragon: “Esta sombra, de la que creen poder prescindir cuando intentan describir la luz, es el error mismo con sus caracteres desconocidos, el error que, sólo él, podría dar fe ante quien lo haya examinado por sí mismo, de la fugitiva realidad